Siempre pasa lo mismo. Salen los resultados de algún análisis, o charlamos con algún amigo, y ahí aparece: "tengo que empezar a comer bien", "tenemos que organizar las comidas". ¿Te suena?

El problema es que si esperamos a que todo salga perfecto, no arrancamos nunca. Y como con todo, no hacen falta grandes cambios. Empecemos por lo más simple: la heladera.

Primer paso, sacar todo lo que no está en condiciones o está vencido. Después, una limpieza profunda. Y con lo que queda, agrupamos por familia — a mí lo que más me sirve es agrupar por momento del día. Todo lo del desayuno junto, por ejemplo.

Para lo que sobró de la cena, los fiambres, los quesos, elegimos herméticos. Si son transparentes, mejor todavía: vemos lo que hay adentro sin abrir nada, y de paso podemos anotar la fecha con marcador.

¿Sabés lo que más me pasa? Guardamos cosas en la heladera para no tirarlas... y las terminamos tirando igual. Cuando se ponen feas, ahí sí las tiramos. ¿Cuál es el sentido? Terminamos generando el mismo desperdicio que queríamos evitar, solo que unos días después.

Al usar herméticos además podemos apilar, así aprovechamos también el alto. Un consejo: hay muchos organizadores acrílicos o hueveras que son angostos y profundos, ideales para ocupar el estante hasta el fondo. Son pequeños tips que vienen bien al momento de elegir nuevos organizadores.

Cuando termines de organizar, ver qué se queda y qué se va, es hora de comprar lo que necesitamos. Ya sabemos qué espacio tenemos, qué hace falta y con qué presupuesto contamos.

 

Ahora queda empezar a comer mejor. ¿Algún nutricionista en la sala?

Verónica.