Entra una clienta al local preguntando por una cafetera. Mientras se la muestro, empieza a mirar las bandejas de madera, saca el celular: "Mirá lo que encontré en Pinterest". Un rincón de café hermoso, prolijo, con onda.
Me cuenta que no había un solo pin que la convenciera del todo. Fue mirando varios, se quedó con lo que más le gustaba de cada uno —de acá la bandeja, de allá cómo acomodaban los frascos— y le sumó su toque. Nada copiado y pegado.
Me quedé pensando en eso un buen rato después de que se fue. Nosotros también andamos por Pinterest, de hecho: buscando ideas para armar una vidriera, para pensar cómo mostrar un producto nuevo, para inspirarnos con combinaciones que después terminan siendo parte de Pettish. Si te gusta ese mundo de buscar y guardar ideas, dale una vuelta a nuestro Pinterest, seguro te cruzás con algo que te copa.
Y la verdad es que ir a buscar inspiración está buenísimo. Cuando no sabés qué hacer con un espacio, cuando te mudaste y la casa todavía no es "tuya", o cuando querés armar una linda mesa para una ocasión especial, tener referencias ayuda un montón. Te ordena la cabeza, te muestra combinaciones que sola no se te hubieran ocurrido, te da un punto de partida.
Pero cuando te animás a agarrar esas ideas y meterles algo tuyo —un objeto que ya tenías, un color que te gusta a vos y no a la foto, esa bandeja que heredaste de tu abuela— ahí el rincón deja de ser el de Pinterest y pasa a ser el tuyo. Y se nota. Se nota en las fotos que después la gente saca de su propia casa, se nota en cómo hablan de ese rincón cuando alguien les pregunta.
No hay una forma correcta de hacerlo. A veces alcanza con copiar tal cual lo que viste y quedar re contenta con el resultado. Otras veces, ese pequeño cambio personal es lo que hace que cada vez que pasás por ese rincón de tu casa, sonrías un poco.
Verónica.
